El intestino tiene una extraordinaria capacidad de regeneración. Cada día, millones de células de su superficie se renuevan para mantener una barrera esencial para la salud. Este proceso de renovación constante es especialmente importante porque el intestino está expuesto de forma continuada al estrés mecánico, los alimentos, la microbiota y, en ocasiones, a procesos inflamatorios que pueden dañar sus tejidos.
En enfermedades inflamatorias intestinales, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, estas lesiones pueden producirse de manera repetida a lo largo del tiempo, obligando al intestino a activar una y otra vez mecanismos de reparación y regeneración. Un equipo del Programa de Medicina Regenerativa del IDIBELL (RegenBell), liderado por Jordi Guiu, investigador del área CIBER de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN), ha centrado su atención en este proceso de regeneración tras el daño inflamatorio y ha descubierto un hecho sorprendente: las células epiteliales del intestino disponen de un mecanismo de "memoria" que les permite conservar un recuerdo molecular de lesiones pasadas.
Tal y como describen en el estudio publicado recientemente en Nature Communications, el equipo comprobó que los episodios inflamatorios dejan una huella duradera en las células intestinales que facilita una respuesta mucho más rápida y eficiente ante futuras lesiones. Esencialmente, podría decirse que retienen información de experiencias anteriores, aprenden de ellas y adaptan su respuesta regenerativa para optimizarla al máximo. "Esto significa que el intestino no vuelve a ser exactamente el mismo después de una lesión", explica Jordi Guiu. Las células conservan una huella molecular de la inflamación que modifica su comportamiento y las prepara para afrontar mejor futuras lesiones."
Para estudiar este fenómeno, el equipo utilizó modelos experimentales de lesión intestinal y analizó, célula por célula, qué ocurría durante la recuperación del tejido. Los resultados muestran que, incluso cuando la inflamación ya había desaparecido y el intestino parecía completamente regenerado, las células conservaban cambios en la actividad de sus genes y en la organización de su ADN.
Esta huella molecular actúa como un recuerdo de la lesión anterior y tiene consecuencias funcionales. En los modelos animales estudiados, aquellos que habían sufrido una primera lesión se recuperaban más rápidamente cuando se enfrentaban a una segunda lesión. Los animales recuperaban antes el peso corporal y, a nivel celular, los mecanismos de reparación y proliferación también se activaban más precozmente. "No se trata de una memoria en el sentido habitual del término, sino una memoria biológica que queda grabada en el material genético de las células", señala el Dr. Guiu. "Es como si las células hubieran aprendido de la experiencia anterior".
El estudio identifica además una molécula concreta como una de las principales responsables del establecimiento de esta memoria: el interferón gamma (IFN-γ). Tradicionalmente relacionado con las respuestas inflamatorias, cuando el equipo de investigación bloqueó la actividad del interferón, gran parte de las ventajas regenerativas adquiridas tras una primera lesión desaparecieron.
Estos resultados refuerzan una idea cada vez más presente en medicina regenerativa: la inflamación no es solo una respuesta transitoria al daño. Más allá de desencadenar una respuesta inmediata a las lesiones, dirigida a través de células inmunitarias como los macrófagos (noticia), también puede remodelar tejidos de manera duradera e influir en respuestas futuras. "Durante muchos años hemos visto cómo la inflamación activa mecanismos de regeneración intestinal tras una lesión. Ahora empezamos a entender que estos episodios no solo reparan tejido, sino que también pueden reprogramarlo", explica Guiu.
El equipo de RegenBell enfatiza que se trata de investigación básica, pero considera que los resultados abren vías muy interesantes para comprender cómo el historial de inflamaciones y lesiones puede influir en la salud intestinal a largo plazo.
En el futuro, este conocimiento podría ayudar a entender mejor por qué algunos pacientes se recuperan con más eficacia que otros tras episodios inflamatorios repetidos, como los que experimentan personas con enfermedades inflamatorias intestinales. También podría contribuir a comprender cómo la inflamación persistente modifica el comportamiento de las células y qué papel puede desempeñar en la aparición de otras patologías. "Cada vez entendemos más que los tejidos conservan el rastro de experiencias pasadas", concluye Guiu. "Comprender cómo se forma esta memoria y qué consecuencias tiene nos ayudará a entender mejor tanto los procesos de regeneración como el origen de algunas enfermedades".